Los adultos sabemos que algunas discusiones son normales, esperables, y que muchas veces permiten fortalecer el vínculo existente entre nosotros. Sin embargo, cuando la discusión se da entre los padres, para el hijo o la hija puede significar dolor, estrés y preocupación extrema. El niño necesita sentir que sus padres son una unidad fuerte para cuidarlo, protegerlo y acompañarlo en la vida. La amenaza de perder esa protección le genera mucha angustia.

Si además es una discusión que implica cualquier forma de violencia (emocional, verbal o física), las consecuencias para el estado anímico y la seguridad del niño se multiplican. También aprenderá que la violencia «es buena» para enfrentar diferencias y conflictos.


Si los hijos son muy pequeños, presenciar una discusión será una pésima experiencia. Aunque solo perciban el tono de las voces, sentirán miedo e inseguridad ante episodios que no están preparados para comprender.

Si ya son más grandes y pueden entender la situación de conflicto, es fundamental que su presencia obligue a los padres a mantener la calma y se convierta en un cambio de ideas respetuoso, como demostración de que ambos son capaces de escucharse y de llegar a algún acuerdo.


🌟 Es perjudicial discutir frente a los hijos temas relacionados con la intimidad de la pareja, que pertenecen exclusivamente al territorio de los adultos. No se trata de mantener a los niños en una caja de cristal, sino de protegerlos de información que no están en condiciones de afrontar.

🌟 No es conveniente tener frente a los niños discusiones con relación al estilo de crianza o disciplina, y mucho menos que papá y mamá se desautoricen uno al otro ante sus ojos.

🌟 Es importante no discutir cuando se ha consumido alcohol u otras sustancias que alteran el control de uno mismo y las posibilidades de intercambio de opiniones.

🌟 Jamás debemos involucrar a los hijos en la discusión, ni como informantes ni como jueces. Si los ponemos en situación de alianza o denuncia de uno de nosotros, les generamos conflictos de lealtades que los desbordan.

Cuando los padres son una pareja que se quiere, puede ser positivo terminar la discusión con una demostración de cariño.  A los hijos debe quedarles claro que enojarse o pensar diferente no significa dejar de quererse.


Bibliografía: ¿Mucho, poquito o nada? guía sobre pautas de crianza para niños y niñas de 0 a 5 años de edad – UNICEF.

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