El bebé reconoce las sensaciones de bienestar y las asocia con la presencia de la madre, el padre y otros cuidadores. Siente que lo cuidan y así aprende a confiar en el afecto que le brinda. Siente que lo cuidan y así aprende a confiar en el afecto que le brindan. Cuando sus necesidades no son resueltas con la urgencia que desea o no son atendidas porque el cuidador no las identifica ni comprende, surge la desconfianza, el malestar y la frustración en él.

Esas experiencias < las de bienestar y malestar > se alternan en la vida cotidiana del bebé y se prolongan durante su infancia. Ambos son necesarias, pero lo importante es que predominen las de bienestar: hay que instalar en el niño una sensación básica de confianza y a la vez enseñarle a aceptar los límites y tolerar la frustración. La confianza básico con respecto a los otros hará que el niño aprenda también a confiar en sí mismo.

El bebé necesita amor incondicional, ese que se brinda por siempre y no depende de exigencias. El que no se da como premio cuando el niño cumple con las demandas del adulto, ni se retira como castigo cuando se pone “caprichoso” o transgrede las normas. El amor sin exigencias ni condiciones confirma al niño que él vale por si mismo, con sus posibilidades y limitaciones. Es base de tranquilidad, seguridad y autoestima.


Bibliografía: Bienvenido bebé, guía completa para el cuidado del recién nacido 0 a 3 meses – UNICEF.

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